martes, 3 de junio de 2008

Microfibras de Celulosa, un Vestigio Biológico Duradero


¿Buscando evidencias de vida en Marte o en otros planetas? Encontrar microfibras de celulosa pudiera ser lo más parecido a hallar vida, según una nueva investigación de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Este nuevo estudio también ha extendido en unos 185 millones de años más la edad de la evidencia directa más antigua de material biológico en la Tierra.


La celulosa es la sustancia dura y resistente que constituye el componente estructural mayoritario de la materia vegetal. Es uno de los materiales biológicos más abundantes en la Tierra. Plantas, algas y bacterias producen cada año una cantidad de celulosa estimada en unos cien mil millones de toneladas.Jack D. Griffith, profesor de microbiología e inmunología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, encontró microfibras de celulosa en muestras que tomó de antiguos depósitos de sal preservados en el subsuelo bajo una zona desértica de Nuevo México.
La edad de estas microfibras de celulosa ha sido estimada en 253 millones de años. Esto las hace las macromoléculas nativas más antiguas hasta la fecha que hayan sido aisladas de manera directa, estudiadas y analizadas bioquímicamente.Hasta ahora, la evidencia más vieja de material biológico obtenido de fragmentos de una antigua proteína (presente en fósiles de Tyrannosaurus rex) había sido fechada en 68 millones de años.Según Griffith, las formas de vida más primitivas desarrollaron, con toda probabilidad, medios para polimerizar la glucosa (la fuente de energía de todas las formas de vida basadas en carbono hasta ahora conocidas) y obtener celulosa con propósitos estructurales. "La celulosa es como la casa de las bacterias, la biomembrana que las envuelve. Las plantas adoptaron a la celulosa como material estructural, y los insectos modificaron ligeramente este polímero para producir la quitina de la que se compone su exoesqueleto", subraya Griffith.Para tratar de encontrar evidencias de formas de vida, como bacterias o incluso vegetales superiores, que hayan podido existir en Marte o en cualquier otro astro del sistema solar, los autores de este estudio creen que buscar celulosa en depósitos de sal es probablemente una muy buena manera de proceder. La celulosa parece ser muy estable, y más resistente a la radiación ionizante que el ADN.


domingo, 1 de junio de 2008

El Dragón de Komodo, Más Sofisticado Que Primitivo



Un nuevo estudio internacional ha revelado cómo el Dragón de Komodo, reptil que crece hasta una longitud promedio de dos a tres metros y que puede llegar a pesar unos 70 kilogramos, puede ser una máquina de matar tan eficiente a pesar de la discreta fuerza de su mordedura y de tener un cráneo liviano.


Con ancestros que se remontan a más de 100 millones de años en el pasado, el Dragón de Komodo (Varanus komodoensis) destroza a sus presas con una pasmosa facilidad, gracias, según los resultados del estudio, a emplear una combinación de 60 dientes a modo de sierra y afilados como cuchillos, poderosos músculos en el cuello y una especial estructura craneal.
Los investigadores destacan que el Dragón de Komodo, habitante de las islas de la Indonesia Central Komodo, Rinca, Flores, Gili Motang y Gili Dasami, comparte sus características dentales y de alimentación con los dinosaurios, los Tigres Dientes de Sable y otros animales extintos.Los científicos Karen Moreno y Stephen Wroe, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, han empleado una técnica basada en la informática para comprobar la fuerza de la mordedura y la mecánica de la alimentación de este depredador.De uso frecuente en el análisis de trenes, aviones y vehículos terrestres, la técnica permitió al equipo de investigación aplicar la "ingeniería inversa" al diseño natural, para valorar las fuerzas mecánicas que puede manejar un cráneo de Dragón de Komodo.El animal tiene un cráneo ligero y muerde con poca fuerza, pero una combinación de diseño muy brillante, y una dentadura capaz de cortar con gran eficacia, un magnífico trabajo de la Madre Naturaleza, le permiten infligir heridas muy serias a presas tan grandes como un búfalo.